Hace algunos momentos termine de ver Invictus, confieso que siempre me había llamado la atención. La historia de Sudáfrica me parece fascinante ya que mezcla infinidad de elementos que considero nos pueden ayudar a entendernos mejor como colombianos. Si bien no compartimos historias de apartheid o colonialismo inglés y/o holandés, si tenemos en común un largo pasado lleno de discriminación y desigualdad.
Inevitablemente en una película como Invictus lo primero que se le viene a uno a la cabeza es la grandeza de Nelson Mandela y su lucha pacífica por la justicia en su pueblo. Mandela fue catalogado como terrorista, criminal, bandido, en fin, como un enemigo del Estado pero también fue un héroe, una llama de esperanza siempre viva. Su vocación, tenacidad y pasión lo llevaron a convertirse en el primer Presidente negro de Sudáfrica y a renovar el país para convertirlo en una de las potencias emergentes más prósperas del mundo. El liderazgo sudafricano es hoy incuestionable y está tejiendo lazos de amistad con la mayoría de los países del mundo, incluyendo Colombia.
Escribo de Mandela no tanto por la película o la curiosidad por conocer más acerca de Sudáfrica sino por el proceso tan interesante que significa la creación contemporánea de una nación. Los sudafricanos no eran sino varios grupos separados entre si por barreras étnicas, culturales, históricas, económicas, políticas y sociales y el proceso de unificación fue quizá la más grande proeza de Mandela. El, logró articular no solo un sentido de pertenencia y unión, sino también una memoria histórica compartida entre blancos y negros que hoy perdura como el legado más importante post-apartheid. Esa construcción de una sola nación es lo que verdaderamente define la última década del Siglo XX en Sudáfrica.
Hace 4 años elegimos en Cartagena de Indias un proyecto de ciudad denominado "Por Una Sola Cartagena" y encabezado por quien hoy es Alcaldesa. Muchos caminos se han transitado en estos años, desde el ataque frontal en 2008 contra la elección de Judith Pinedo como los triunfos en materia de educación y planeación en tiempos más recientes. Cartagena sin duda alguna ha cambiado pero todavía falta mucho y 4 años es un tiempo demasiado pequeño como para lograr crear unidad en una sociedad que nació desigual en 1533.
La sociedad cartagenera es quizá una de las más complejas de Colombia ya que conjuga muchos de los pensamientos coloniales con los problemas contemporáneos de ascenso social por vías del dinero ilícito, entre otros factores. Sin embargo creo que en la búsqueda de una sola Cartagena nos hemos quedado flojos en varios aspectos que necesitan perfeccionarse en tiempos venideros. El proceso de creación de memoria histórica no se puede fundamentar en la negación de los acontecimientos de uno de los lados de la historia sino más bien en conjugar los puntos de vista para crear un "todo" que sea capaz de representar las visiones de la mayoría.
En Cartagena hemos tratado durante estos 4 años de reivindicar los derechos de los tradicionalmente excluidos y ha sido un proceso positivo en algunos casos pero debemos trabajar por articular también estos sentimientos con la visión histórica de esos que durante años dominaron la ciudad. Nelson Mandela decía que si le quitamos a aquellos que han ostentado el poder esos elementos que consideran más sagrados, en vez de democratizarlos y moldearlos, terminaremos por crear nuevos y más profundos resentimientos y pondremos en riesgo todo lo que hemos ganado. La igualdad se construye creando memoria colectiva con todos los grupos involucrados y no simplemente con visiones parciales porque no habremos sido mejores que nuestros antecesores.
Tenemos entonces una obligación histórica en Cartagena de Indias por crear una memoria colectiva que teja puentes con ramos de olivo entre los grupos históricamente divididos y construyamos confianza mediante políticas públicas de fortalecimiento ciudadano e infraestructura urbana diseñada para unificar. La unidad de la ciudad, en palabras de Sergio Fajardo refiriendose a Medellín, se debe ver y sentir y para ello debemos cambiarle la piel a Cartagena de Indias.
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