lunes, 21 de marzo de 2011

Ejemplos del Pasado

Hace 199 años Cartagena de Indias declaró su independencia absoluta de España y comenzó su historia como Estado que duro muy poco gracias a la “pacificación” de Pablo Morillo. Hoy, cuando conmemoramos esa fecha, cuando la Alcaldesa ha leído el Acta de nuestra Independencia y cuando nuestro pueblo debe estar embriagado de licor y Kola Román tenemos todavía mucho que aprender del espíritu revolucionario de Getsemaní. Desde ese momento hemos recorrido un largo camino, fuimos arca de batalla de Bolívar, estado durante la constitución federal, departamento, capital de facto durante Núñez, para ser finalmente hoy Distrito Turístico y Cultural y la segunda sede de gobierno. Esa Cartagena, como Colombia su patria ha sufrido inmensas transformaciones producto de la visión y el empuje de sus ciudadanos, quienes movidos por el progreso han avanzado en la solidificación del futuro. Colombia también ha recorrido caminos que antes parecerían imposibles, ha transitado durante estos tiempos por periodos costosos para la historia pero también ha conseguido grandes logros a favor de la democracia.

La era del anterior gobierno estuvo marcada por un rancio conservatismo producto de una ceguera mental y de soluciones inmediatas a problemas estructurales. Durante ese tiempo sin embargo, la jurisprudencia de las altas cortes mantuvo firme la creencia de mantener la igualdad y la libertad consagradas por Santander en el Palacio de Justicia y por nuestros constituyentes en la Carta Magna. Hemos avanzado singularmente en la aceptación de causas para el aborto, en la consecución de igualdad de derechos para las parejas del mismo sexo, en debates más abiertos para temas como la eutanasia y para la superación del dogmatismo y el sectarismo producto de una educación religiosa que dirigió los destinos de Colombia desde aquel Concordato que firmó el esposo de mi antepasada. Reconozco el error fatal que se cometió en aquella época cuando por culpa de este acuerdo se cerraron y aprisionaron a las logias masónicas y se promovió una actitud inquisidora del Estado orquestada por la infame unión entre este y los púlpitos.

Martin Luther King Jr dijo que “la ley y el orden existen para impartir justicia pero cuando éstos fallan en ese propósito se convierten en los diques peligrosos que bloquean el flujo del progreso social”. Eso lo dijo convencido que las negritudes debían tener los mismos derechos que los blancos y reafirmando que no podían existir en Estados Unidos ciudadanos de primera y segunda clase. Creo que mucho hemos avanzado para retroceder hoy y que no podemos por miedo dejar de ofrecer a nuestros conciudadanos las oportunidades necesarias para que se desarrollen bajo el amparo de un Estado concebido para su protección. El Estado colombiano no es y no puede ser un artilugio que privilegie los derechos de unos sobre los otros como tampoco puede ser arma para la expansión de creencias que van en contra de la igualdad del ser humano. No existe motivo alguno, en ningún texto, por más antiguo e histórico que sea, por más caído del cielo que lo creamos, capaz de hacer que el Estado colombiano niegue a sus ciudadanos la posibilidad de una vida en pleno goce de sus derechos inalienables.

Las mujeres, dueñas de su cuerpo y de su libertad de actuar no deben ser blanco de ataques que las culpen de demoníacas por el hecho de no poder seguir cargando lo que podría o no convertirse en un ser humano. La carga de la historia es suficientemente pesada para las mujeres como para que ahora sigamos añadiéndole ladrillos, como si ya no fuera suficiente haber sido juzgadas como brujas, tiradas cuando no podían dar a luz a un varón o asesinadas cuando su esposo moría para que lo acompañara en la vida que sigue. Las decisiones sobre el cuerpo de la mujer no están ni deberían estar sujetas a la voluntad del Estado, ese es un territorio inviolable y no pertenece al ámbito público por ninguna circunstancia. Entrar a ese ámbito es promover también que el Estado controle la población y que caigamos en una dictadura pública de aquello enteramente individual. Las mujeres no deberían seguir tampoco promoviendo ellas la cultura machista de la dominación y se han convertido muchas veces sin saberlo en las principales responsables de su propia inquisición.

El terreno que hemos ganado en la consecución de espacios no debe ser retomado por fuerzas ajenas a los derechos individuales y colectivos. Nosotros como sociedad debemos garantizar que todos gocemos de iguales oportunidades para desarrollar nuestras capacidades. El Estado no es más que un mecanismo que nos inventamos para poder vivir en sociedad y establecer unas pautas comunes para salir adelante y protegernos de lo que Hobbes denominada el “estado de la naturaleza”. Contractualista o no yo creo que no existe justificación alguna para que ciudadanos del mismosEstado y miembros de la misma nación nos neguemos a nosotros mismos la capacidad de ser ya que esto no pone en peligro nuestra propia condición. El aborto, el matrimonio homosexual, el consumo controlado de drogas y la eutanasia no ponen en jaque nuestra propia vida. Una actitud equitativa genera menores traumatismos y mejores resultados que la discriminación. No quiero pensar que en Colombia seguimos tratando de poner el dogmatismo por encima de la inclusión y discriminando a aquellas personas que por diversas situaciones son diferentes al común denominador social.

Me despido citando al presidente republicano Ronald Reagan quien decía que “no hay mayor freno a la mente humana, no hay murallas alrededor del espíritu humano, no hay barreras al progreso, más allá de aquellas que nosotros mismos construimos”. ¿Será entonces que al celebrar 199 años de gloriosa revolución y de ir en contra del sagrado mandato del reino seremos capaces de reconocer que se debe poner fin a la discriminación y a la represión? Ojala no pasen 200 años para poder responder a esta interrogante. 

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