Por: Sergio Alfonso Londoño Zurek
Quienes me conocen saben que Cartagena de Indias me desvela, me empuja y me motiva, me llena de profunda tristeza y me fortalece. Cartagena es un paradigma y un enigma en mi vida, la ciudad en la que nací, en la que se resume toda mi historia me desconcierta a ratos. Me obliga a recordar que son 478 años de historia grabada en sus piedras fundacionales pero más que todo en el corazón de sus moradores. Este año, como los que ya pasaron y los que vendrán, supone un reto para la ciudad de altísimas proporciones. Sin embargo, este es uno de esos especiales cuando se eligen las autoridades civiles de la ciudad.
Por ello, Cartagena de Indias está en mi mente y en mi corazón todos los días. Más que nada sus habitantes me retan porque nuestro futuro compartido me preocupa sobre manera y me dice que la obligación de actuar en beneficio de la ciudad es una que se carga desde que se nace. Nunca he sido una persona que se queda callado y hoy no fue la excepción, ya que discutiendo del futuro incierto y del Palacio de la Aduana lancé con firmeza el nombre de la persona que yo creía digna de tomar las riendas de la ciudad. Enseguida una persona a la que aprecio con sincero cariño me dijo que estábamos pensando con el deseo, que las maquinarías eran demasiado poderosas, que las fuerzas oscuras no se iban a dejar quitar la Aduana nuevamente. Admitieron todos que esa persona era las más calificada, recta, honesta, incorruptible y progresista de toda la contienda y que llevaría a Cartagena por la senda de la virtud y el desarrollo logrando una sinergia entre sus frentes.
En ese momento me convencí una vez más de votar por esa persona el 31 de octubre, pensé sin dudarlo en ese futuro brillante de Cartagena y me ericé. Que mayor honor que respaldar a una persona capaz de inspirar eso en la gente poniendo como testigo su trabajo de toda una vida. Sin embargo, esa frase de “pensar con el deseo” me llenó de coraje porque sacudió los mismos cimientos por los cuales vale la pena participar en política. A la política se entra para tomar las decisiones más importantes de una sociedad con honorabilidad, sabiduría, fortaleza, transparencia, respeto y sentido de responsabilidad no solo para aquellos que viven hoy sino para las generaciones pasadas y futuras. Pensar con el deseo es precisamente eso que esta bien hacer en política porque es soñar que las cosas si pueden ser mejores y que un voto es capaz de transformar nuestra realidad. Pensar en la derrota es precisamente lo que le otorga poder a los corruptos, a los vanidosos, a los débiles de carácter pero gigantes de ambición que no logran domar sus demonios internos y que los llevan a cometer los actos de barbarie más atroces. Atroz es derrotarse ante aquellos que roban la salud y la educación de los niños y que después se exhiben ante el mundo cobijados por honorables títulos y la pleitesía bufona de aquellos lagartos dispuestos a vender su alma por una miga de fama y un cuarto de hora de fortuna.
Yo si pienso con el deseo, yo deseo que Cartagena sea una ciudad proyectada hacia el futuro y que no sea menos de lo que su razón de ser le exige. La “muy noble y muy leal” urbe de Cartagena de Indias y sus habitantes no podemos derrotarnos antes de que la faena comience. Es cierto que una cortina de hierro ha querido caer sobre nuestra ciudad pero ¿acaso ello significa que estamos dispuestos a dejarnos vencer, a perder la libertad de decidir los destinos de nuestro hogar? Yo creo que no. Yo creo que tenemos que seguir adelante, que la campaña electoral nos ha demostrado quien es la mejor candidata para ocupar la silla de Heredia, de Romero, de los mártires, la silla de nuestros antepasados y la de nuestros hijos y nietos.
En este bicentenario mi voto será depositado pensando en el deseo sincero de progresar, de reducir las inequidades, de convertir a Cartagena de Indias en un faro de referencia para el mundo entero y de hacer de nosotros, sus habitantes un pueblo gobernado bajo los principios rectores de Autoridad y Educación. Mi voto deseoso es para Roxana Segovia, mi voto es por Cartagena de Indias, mi voto es por todos.
21 de agosto de 2011
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